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La terraza: detrás del lienzo

“Sufro sólo de pensar que su madre no tiene qué comer”. Esta confesión hecha por Claude Monet a su amigo Frédéric Bazille en el verano de 1867 sirve bien para ilustrar el origen de La terraza en Sainte-Adresse. En realidad la frase fue escrita después de acabar la obra, de lo cual se deduce que el cuadro no resultó del todo rentable.

 

En el verano de 1867, Claude y Camille esperaban su primer hijo, que nacería el 8 de agosto. Monet llevaba fuera del ambiente familiar ocho años, desde que se mudó a París para formarse como pintor. Su padre, Adolphe, era un hombre muy estricto al que siempre le había irritado la rebeldía de su hijo desde pequeño, de hecho, cuando Claude cumplió la mayoría de edad, le pidió a su hermana, la tía del artista, que se hiciera cargo del chico porque con él se mostraba “insumiso”. Para acabar de contentar a su padre, cuando Claude llegó a París rehusó inscribirse en la escuela de Bellas Artes y prefirió instalarse en un apartamento en la rue Pigalle, en el bohemio barrio de Montmartre.

 

Durante sus estancias intermitentes en casa de Adolphe, las peleas eran frecuentes, y después de una discusión especialmente agitada, el padre le retiró la ayuda financiera de la que había gozado hasta entonces. A principios de 1867, Claude le comunicó a su familia el embarazo de Camille, lo cual agravó aún más la situación. Adolphe le pidió que la abandonara, pero Claude se negó. Su tía también le quitó la pensión. La exigencia dejaba a Adolphe como un hipócrita, pues él había mantenido una relación y había dejado embarazada a una sirvienta de la casa.

 

La pareja decidió entonces fingir una repentina ruptura ante su padre y Claude negoció una tregua con su familia para pasar el verano de 1867 en Sainte-Adresse, la ciudad-balneario donde había veraneado durante toda su infancia con sus tíos y sus padres, para recuperar el cariño y el favor económico de su familia. El pintor vivió aquel verano deprimido y preocupado por su novia y su hijo mientras en su casa sólo se ocupaban de él para darle unos cubiertos y algo de comer.

 

Sería por esto que La terraza en Sainte-Adresse constituye un pequeño homenaje a su familia normanda. Su padre es el señor de barba canosa que está sentado en primer plano, su tía es la señora que está instalada en la silla de al lado y una prima lejana se asoma al balcón acompañada de un personaje no identificado.

Claude Monet, 'La terraza en Sainte-Adresse', 1867

 

La astucia no salió bien, y el cariño recuperado duró hasta que Claude volvió a París, a la vida dispersa. Salió adelante gracias a un fan, el señor Gaudibert, que vivia en Honfleur, también en Normandía. Gracias a este señor, la familia Monet, ya con un miembro más, pudo alquilar una casa para ellos solos en las afueras de París. El artista abandonó a su esposa un año después.

 

También por motivos económicos fue que la familia Monet dejó París y se mudó a Le Havre cuando Claude tenía 5 años. El padre era comerciante de productos coloniales, pero en París el negocio se estaba estancando, así que se fueron a vivir con los tíos de Claude a Normandía, donde su tío trabajaba de lo mismo, pero con más éxito. Toda la familia pasaba los inviernos en Le Havre y los veranos en Sainte-Adresse.

 

Artísticamente, el cuadro se enmarca dentro de los intentos de Monet por ser expuesto en el Salón oficial de París. Lo había conseguido con un par de marinas en 1864. El artista se había plegado en cierto modo a las exigencia del Salón: el pincel circula con menos fluidez de la que nos tiene acostumbrados, los colores son mucho más puros y más vivos, incluye alguna representación humana en la escena. Todo esto se puede apreciar en La terraza en Sainte-Adresse. La perspectiva alta, haciendo de mirador hacia el mar, recuerda a las estampas japonesas por las que todo el impresionismo sentía pasión y de las que Monet era gran coleccionista.

 

Esta es la triste historia de un cuadro pletórico, en el que el artista fue capaz de superar su delicada situación personal y refugiarse en lo que siempre le dio la vida: el sol, el agua y la luz.

 

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