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Bailes de cera

Orgullo, templanza, seguridad, elegancia. La bailarina mira hacia arriba con los ojos entreabiertos, como si disfrutase de una merecida ovación y a la vez no quisiera perder detalle de las sonrisas de felicidad del público al que ha ofrecido una actuación brillante. Sitúa la pierna derecha por delante de la izquierda y une sus manos por detrás de la espalda, saludando al respetable. Va vestida con una falda de seda, un corpiño abotonado, un lazo en el pelo, unas mallas en las piernas y unos zapatitos de ballet. En las rodillas se ven las arrugas de la tela por tener la pierna perfectamente estirada. Sólo le falta respirar para ser real.

Edgar Degas, ‘La pequeña bailarina de 14 años’, 1881

En La Piscine de Roubaix, toda la exposición dedicada a la faceta de Degas como escultor gira en torno a esta obra, como los visitantes que se agolpan en torno a ella mientras escuchan sus audioguías. El famoso pintor impresionista modeló más de un centenar de obras en cera, de las cuales sólo La pequeña bailarina de 14 años vio la luz en vida de su autor. Escarmentó después de que la estatua fuese criticada tras la sexta exposición impresionista, en 1881, con comentarios como “¿Han visto realmente un modelo tan horrible, tan repulsivo?” o “el hocico vicioso de esta chiquilla en plena pubertad”. En la época, la reputación de las bailarinas se asociaba a la de las prostitutas.

Las bailarinas son la imagen de marca de Degas, a las que representó en múltiples actitudes, tanto en cera como sobre lienzo: en clase, estirando, saludando, en el vestuario… En la sala principal, once cubos de cristal albergan los pequeños estudios del movimiento de las bailarinas. De los títulos se deduce que el artista acabó por entender bastante del arte del ballet: Posición cuarta de frente sobre la pierna izquierda, Gran arabesco, primer tiempo, etc.

Edgar Degas, ‘Posición cuarta con pierna derecha hacia adelante’

La muestra se estructura de forma temática, empezando por los caballos, la otra gran figura predilecta de Degas, que encontraba en ellos una respuesta a su interés por el movimiento y a su inquietud naturalista. La serie de esculturas hípicas permite apreciar la forma de esculpir de Degas, apoyado por la presencia de algunas herramientas utilizadas por el artista: construía un esqueleto metálico que él mismo fabricaba, cogía el molde de cera, le daba forma, lo destruía, volvía a hacerlo… el material permite esa libertad. En el caballo Pura sangre al paso, el cuello no es más que ese esqueleto. A su muerte, los herederos decidieron darle una capa de bronce a las estatuas para que soportaran el paso del tiempo.

En un par de pasillos cortos se muestra la parte más sensible de Degas. Al artista le fascina la belleza femenina, disfruta con cada movimiento, con cada gesto. Suele representar a las mujeres de espaldas, saliendo del baño, recogiéndose el pelo. Ese respeto y delicadeza hacia la figura femenina transmite una gran ternura; da la impresión de que Degas es de verdad sincero en su cariño hacia las mujeres.

Edgar Degas, ‘Mujer peinándose’, 1887-1890

La explicación sobre la faceta escultórica de Degas se completa con las instalaciones de Christian Astuguevieille ‘La main à l’oeil’, que acercan mucho más la escultura al espectador, que en este caso no puede mirarla, sólo tocarla. La posibilidad de comprobar la textura y entender mejor la forma de esculpir del artista resulta un complemento perfecto para culminar la exposición.

Degas llega a la escultura de forma conformista, cuando sus problemas de vista ya no le permiten atender a los detalles que precisa una pintura. Su mente esencialmente pictórica le hace ver los modelados como una suma de siluetas más que como un conjunto de volúmenes. Degas acabó por definir de manera brillante esta etapa de su vida, homenajeando al grupo de artistas que le acompañó en sus comienzos y que le dio parte de su fama: “Ahora tengo la necesidad de traducir las impresiones en forma de escultura”.

Lugar: Museo de Arte e Industria André Diligent, La Piscine (23, Rue de l’Espérance, Roubaix, Lille, Francia).

Duración: Del 8 de octubre de 2010 al 16 de enero de 2011.

Horario: De martes a jueves de 11.00 a 18.00 horas. Viernes de 11.00 a 20.00 horas. Sábado y domingo de 13.00 a 18.00 horas. Lunes cerrado.

Tarifas: Entrada general 8 euros, reducida 4,50 euros (amigos de otros museos de Francia, personal municipal de Roubaix, grupos a partir de 10 personas…), gratuita para menores de edad, periodistas, estudiantes de Historia del Arte…).

Metro: Gare Jean Lebas (línea 2).

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