Velázquez interiorista (I)

“Este es el premio que más acredita la excelencia del artífice, pero suspender el uso de su actividad, aunque con linajes honoríficos, es un linaje de premio que parece viste disfraces de castigo; porque al que ha delinquido en la administración de su oficio, le suspenden el uso; pues, ¿cómo para unos ha de ser premio, lo que para otros es castigo?”.

Más de un centenar de obras en veinte años en la Corte de Felipe IV, y poco más de diez en la última década para un total de 150 cuadros firmados (su contemporáneo Rembrandt hizo 300). Antonio Palomino se lamentaba en una de las primeras biografías dedicadas al genio sevillano, de que, desde que en 1643 fuera nombrado aposentador del rey, Velázquez (1599-1660) estuviera ocupado en otros menesteres que no fueran los de la pintura. En su época sevillana pintó 22 cuadros en seis años, los que van de 1617 a 1623, cuando se incorporó como pintor de Corte en Madrid. En 1651 tardó un año en terminar un retrato de la reina Mariana, segunda esposa de Felipe IV.

No es ningún secreto que Velázquez era un hombre lento, flemático, cachazudo. Una persona muy independiente que no practicaba a menudo el noble arte de la humildad. Felipe IV le reprochó en alguna ocasión esa actitud, como cuando regresó con un año de retraso de su segundo viaje a Italia (1648-1651).

Un tipo muy celoso de su talento, además, pues no permitía ninguna actividad artística alrededor suya, salvo a su yerno, Juan Martínez del Mazo. Se decía en palacio que uno de los mejores ayudantes de su taller, Juan de Pareja, tenía grandes aptitudes para la pintura, pero Velázquez nunca le dejó expresarlas. Todo lo contrario que su admirado Rubens, de quien se dice que dejaba que sus ayudantes hiciesen la base del cuadro para dar él sus último retoques.

Diego de Silva Velázquez, 'Felipe IV', 1623

Aún así, un hombre leal, y el único que se ganó el título de amigo del rey. La confianza que depositó en él Felipe IV llenó su vida de premios, honores y nombramientos. En 1623 debutó en Madrid con un retrato del rey, que gustó tanto al monarca que le concedió el privilegio de ser el único pintor que retrataría al soberano (promesa incumplida seis años después con la visita de Rubens a la capital).

“A pocos días y obras que hubo hecho de retratos, viéndose ser superior a los antecedentes pintores, recibió otra merced, que fue ujier de cámara de Su Majestad”. En 1627 pasó por este puesto simbólico que no cambió un ápice sus funciones, según narra Jusepe Martínez en la biografía de 1673. En 1630, Felipe IV ordenó la construcción del Palacio del Buen Retiro como espacio de recreación para la familia real y lo decoró con los famosos retratos ecuestres que Velázquez hizo de los más insignes miembros de la Corte: el conde-duque de Olivares, valido del rey; el príncipe Baltasar Carlos y el propio monarca. Además, allí se colgaron dos de los cuadros más emblemáticos del artista, como La fragua de Vulcano y La rendición de Breda. Velázquez se encargó de la selección y colocación de las obras.

A estas funciones agregó las labores de intendencia con el encargo de reunir 112 obras para la Torre de la Parada, un pabellón de caza en los montes de El Pardo. Se puso en contacto con Rubens para pedirle 50 obras de tema mitológico y él se encargó de llenar buena parte del resto del espacio. Los retratos del rey, el príncipe y el cardenal-infante don Fernando de Austria vestidos de cazadores fueron colgados allí, así como los numerosos cuadros de bufones y enanos que pintó en los años 40, junto a las representaciones alegóricas de Esopo, Menipo y el dios Marte.

Para entonces, el sevillano ya había sido nombrado ayudante de Guardarropa, cuyas funciones de limpieza, aseo, cuidado y entrega al rey de sus vestidos eran realizadas por los mozos del servicio. En 1642 ascendió a ayudante de Cámara de forma también simbólica, pues él no tuvo que controlar los accesos a la puerta de la Cámara y al retrete de la antecamarilla, asistir mientras se le hacía la cama al rey y encargarse de la iluminación de sus estancias; todas ellas funciones propias de este cargo.

Juró el cargo de aposentador de palacio el 6 de enero de 1643, aunque hasta tres años después no le fue ordenado que cumpliese enteramente con sus obligaciones. El precio que debió pagar Velázquez por alcanzar la cima dentro del servicio real fue custodiar las llaves del palacio y guardar una llave maestra y encargarse del reparto de cuartos y aposentos para los miembros de la familia real; repartía los puestos en las fiestas y ceremonias públicas, era el responsable de la limpieza del palacio, del mantenimiento del mobiliario y la colocación de los cuadros, del aprovisionamiento de leña y carbón y de la apertura y cierre de puertas; era competencia suya poner la silla del rey y quitar la mesa cuando comía en público, así como acompañarle en todos sus desplazamientos.

El precio que tuvo que pagar la Historia del Arte fueron las obras que Velázquez no pudo hacer por tener que atender estas obligaciones. Por lo menos, en uno de los ratos que encontró para poder pintar en su taller del Alcázar, cuando entró en la estancia la infanta Margarita acompañada de todo su séquito de sirvientes, al genio sevillano se le ocurrió pintar el mejor cuadro que jamás vio el ojo humano: Las meninas.

Diego de Silva Velázquez, 'Las meninas', 1656
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8 pensamientos en “Velázquez interiorista (I)”

  1. Hola Héctor, me he topado con tu blog y comentarte que las entradas son muy interesantes, pero esta me ha parecido aún más porque hay una parte que me ha llamado muchísimo la atención :”Aún así, un hombre leal, y el único que se ganó el título de amigo del rey. La confianza que depositó en él Felipe IV llenó su vida de premios, honores y nombramientos. En 1623 debutó en Madrid con un retrato del rey, que gustó tanto al monarca que le concedió el privilegio de ser el único pintor que retrataría al soberano (promesa incumplida seis años después con la visita de Rubens a la capital)”.
    La concepción que se tiene de Velázquez como amigo del Rey es totalmente falsa,lo que sí tenemos que pensar es que nada se opondría a Velázquez si contaba con el favor del Conde Duque de Olivares,ya que gracias a éste fue poco a poco ascendiendo en la Corte y superando a pintores . Velázquez fue una persona egoísta que estaba totalmente convencido que la pintura para él sería el paso hacia el ascenso social ,ese ascenso social se hacía siendo pintor del Rey y no dudo en seguir pidiendo el dinero de pintor del rey durante su estancia en Roma (sin pintarle).A simple vista podríamos decir que Velázquez era alguien importante en la Corte,pues no tan importante,hay documentos que demuestran que el egoísmo de Velázquez era infinito cuando pidió junto con los bufones que él retrataba dinero para que se le pagaran sus ropas .Por mucho que Velázuez hiciera por que se le tratara como algo más que pintor,nunca se le reconoció mas allá de su gran genio,lo máximo que conseguía eran alabanzas a su pintura. Diego nunca se sentó con el rey en los oficios reales y no tenía trato con él más allá de sus retratos.Cuando se informa que Rubens llegará a España es el propio Rey quien dice que no se puede tratar a un pintor como diplomático y que no solo para el rey y el valido sino para todos los nobles fue considerado una ofensa para la dignidad real,bueno pues que estima tenía el rey a Velázquez que le mando con el pintor porque entre pintores es mejor la cosa.Por último el Papa Inocencio X,al que pintó en su estancia en Roma instó a Felipe IV a nombrarle miembro de la Orden de Santiago,algo que Diego quería desde hacía mucho tiempo, pero Felipe no prestó nada de interés es más lo que quería es que se le pintara de una vez porque Diego era pintor, Diego disfrutó de la insignia 2 meses antes de su muerte ,algo triste para soñaba ser algo más que un pintor,lo que sí está claro es que tuvo un ascenso social, pero fue gracias a Olivares y el rey quería que le pintase,nunca fue amigo del rey

    1. Hola, José. Me alegro de verte por aquí. Te puedo decir que los datos recogidos en estos artículos sobre Velázquez estánb sacados de libros publicados por especialistas en su vida y su obra. No sé si te sonaran los nombres de Enriqueta Harris y Miguel Morán Turina. Las consideraciones de amigo del rey y las pruebas de estima de Felipe IV están recogidas ahí.

      Respecto a su reconocimiento en la Corte, creo que los nombramientos de Ayudante de Cámara o Aposentador del Rey tienen algo que decir, en tanto que Felipe IV quiso aprovechar su lealtad (interesada, desde luego) para tenerlo más cerca. Seguramente el rey le viese en aquellos años como el único que no podía traicionarle o que no le podía fallar, tras la destitución del Conde Duque de Olivares, la muerte de primera esposa y de sus hijos y las derrotas militares del imperio en decadencia.
      Sobre su carácter egoísta y prepotente, es una característica bien documentada y de la que existen numerosas pruebas, como el ejemplo que tú pones de los bufones y de la segunda estancia en Roma, y es algo que no he escondido ni pretendo hacerlo (una cosa no quita a la otra). De hecho, tengo pensado publicar en el futuro un artículo a partir de este hilo.

      Te agradezco mucho tu comentario, pues me permitirá darme cuenta de mi error si estoy equivocado. Estaría bien que pudiéramos contrastar fuentes. Un saludo.

  2. Querido Martín,

    No sé si sabes que mi lugar de residencia hasta hace un par de meses era Roma. Allí he vivido una larga temporada, al igual que antes había vivido en Venecia y en Florencia (principios y finales de los 90).

    Esta introducción es para ambientarte un poco acerca de los estereotipos italianos. El italiano, y en particular el romano, es un entrañable personaje que, sabiendo el ADN del que es portador, supravalora lo suyo con razón y, a la vez, infravalora lo ajeno. Todo ello con una gran dosis de condescendencia (lo que les distingue de los franceses, pues se tornaría arrogancia).

    A lo que voy…me he aburrido allí de escuchar cosas como el más grande, el más largo, el más bello, el mejor, el más suave, el más …..constituyendo siempre calificativos sobrantes y superfluos. Habitualmente la realidad es muy compleja, pero otras la realidad es muy simple y se autodefine, no necesita ser calificada y, mucho menos, comparada.

    Las Meninas es un gran cuadro, un grandísimo cuadro, uno de los grandes cuadros de la Historia…..pero yo jamás me atrevería a decir que es el mejor. Por tres motivos: primero, para hacer semejante comparación hay que haberlos visto todos, segundo, habiendo estado en Roma la aseveración es, cuando menos, cuestionable (Museos vaticanos!!!!!!!!!!!) y tercero, y más importante creo, por que A TÍ no te hace falta ese tipo de expresiones para transmitir sentimientos u opiniones. Tus palabras suelen ser sublimes. Supongo que relees las cosas varias veces antes de publicarlas. No caigas en los cargantes trucos italianos. No te hace falta.

    Con cariño te lo digo y con franqueza te lo pido.

    Jose Luis

    1. Gracias por el consejo, Pepelu. Tienes razón, no es bueno caer en expresiones grandilocuentes (y sí, los italianos también me dan a mí esa impresión).

      Dije que era el mejor porque pensándolo bien no se me ocurre ningún otro cuadro que lo supere por calidad técnica, complejidad y significado (pensé en los Museos Vaticanos, pero la Capilla Sixtina es un fresco, no un cuadro). Sin duda, Las meninas son un mito para el arte español. Nos han educado en que Velázquez es el mejor pintor y Las meninas el mejor cuadro, igual que pensamos que Cervantes es el mejor escritor y el Quijote la mayor obra maestra de la literatura española. Nos han creado un mito en torno a ellos, y quizás ese tipo de expresiones reflejen cortedad de miras. Lo estoy puliendo. Gracias.

  3. Muy interesante el artículo, no conocía esta faceta de Velázquez, solo conocía al Velázquez pintor. Una pena que su talento artístico se viera mermado por estas labores, que no le dejaron desarrollar mejor su faceta como pintor.
    Solo un pero, la cita que abre el artículo, ¿de dónde la has sacado? Sé que es una cita porque está entrecomillada, pero no has puesto la fuente (al menos no directamente).

    1. El autor de la cita se menciona en el 2º párrafo, Marta. “Antonio Palomino, en su biografía de Velázquez de 1724…” Más o menos dice así. Sé que no es correcto desde el punto de vista científico, pero no me gustan las interrupciones en la lectura para decir algo accesorio.
      Es cierto que las labores de aposentador le quitaron tiempo para pintar, pero si nos ponemos en la piel de Velázquez, creo que él preferiría todos los acensos que obtuvo, pues ello le permitió ganarse una reputación dentro de la Corte que no era nada fácil de conseguir. Era un hombre ambicioso, por lo que he podido leer, nacido de una familia de la baja nobleza. Seguramente le gustaran mucho los honores y las medallas. Algo de esto se hablará en la segunda parte de este artículo. Además, contrariar al rey no sería un buen negocio.

  4. Excelente repaso de la personalidad de Velázquez, gran final y magnífica elección de la obra de la semana…
    Sólo un pero estilístico-visual que ya te comentaré…

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